
Publicada en 1949, HOMBRES DE MAÍZ constituye una incisiva denuncia de los devastadores efectos que el capitalismo y las grandes empresas internacionales tuvieron en las costumbres, creencias ancestrales, despersonalización e inseguridad de los campesinos guatemaltecos. El realismo mágico –antecedente inmediato del que prodigarán en sus relatos Juan Rulfo, Gabriel García Márquez y otros autores hispanoamericanos–, la audacia de la construcción narrativa, la técnica expresionista e incluso onírica y el estilo barroco y poemático, plagado de imágenes, símbolos y efectos musicales, confieren a esta obra de Miguel Ángel Asturias (1899-1974) –quien, en 1967, obtuvo el Premio Nobel de Literatura– una singularidad inconfundible. Otras obras de Miguel Ángel Asturias en esta colección: «Leyendas de Guatemala» (BA 0397), «El Señor Presidente» (BA 0396), «Maladrón» (BA 0399).
Anticipada su línea argumental en un curso pronunciado en el Instituto de España, esta obra de JULIÁN MARÍAS sobre LA FELICIDAD HUMANA –singularizada «porque un libro tiene diferentes exigencias e incluso la frase escrita tiene que ser distinta de la frase hablada»– tiene en común con las conferencias la inspiración en un mismo proyecto: la exploración completa de una cuestión relacionada con la vida humana para cuya realización no bastaba con acopiar los recursos adecuados a otros tipos de estudios sino que requería también «poner en juego la imaginación, recorrer las implicaciones del problema, llegar a sus últimos confines, ver hasta dónde llegaba la felicidad». A lo largo de treinta capítulos ese programa de investigación va desvelando y enriqueciendo la idea de que la felicidad es una empresa humana.
La pregunta por la naturaleza de la historia parece albergar en su interior dos preguntas complementarias: ¿de qué está hecha la historia? y ¿cómo conocerla? El variable protagonismo de una u otra, o su difícil equilibrio, definen en cierto modo la deriva de esta disciplina habitualmente denominada Filosofía de la historia. Mientras en algunas épocas la aspiración de fundar una ciencia específica ha dominado el discurso metahistórico, en otras la reflexión se ha dedicado sobre todo a intentar legitimar la existencia de unos (u otros) determinados constituyentes últimos de lo histórico-social. En este libro, además de llevarse a cabo una reconstrucción del desarrollo de esta problemática, se esboza una propuesta acerca del sentido que cabe atribuirle a este ámbito teórico de hoy, cuando la posibilidad misma de la historia se halla puesta en cuestión.
A partir de la defensa de una “bioética de mínimos” que se articula en torno a los clásicos principios de autonomía individual, beneficencia, no maleficencia y justicia en el reparto de beneficios y cargas, los autores analizan los muchos desafíos éticos y jurídicos que suscita el avance de la biomedicina en los contextos de la reproducción humana, las relaciones sanitarias, el final de la vida y en la investigación y experimentación. Con una mirada crítica sobre el modo en el que aquellos principios se han plasmado en la legislación y en las decisiones de los tribunales en distintos ámbitos y países, los autores nos invitan a repensar abierta y racionalmente los dilemas éticos relativos a la clonación, el empleo de células troncales embrionarias, el rechazo de tratamientos médicos, la mejora genética, los contratos de maternidad de sustitución o los transplantes de órganos, por citar tan sólo algunos de los debates bioéticos sobre los que el lector encontrará en estas páginas cumplida información, y una sagaz y amena reflexión.
Esta nueva edición de Sobre la esencia incorpora como principal novedad un apéndice con las anotaciones de Xavier Zubiri a su propio ejemplar de la primera edición (1962), conservado en su biblioteca personal. Se trata de indicaciones de Zubiri en el mismo texto y de fichas manuscritas, añadidas al libro, en las que Zubiri iba matizando, corrigiendo e interpretando su propio pensamiento. Estas anotaciones hacen ahora posible entrever el modo en que la reflexión filosófica posterior de Zubiri, que culminaría en la trilogía sobre la Inteligencia sentiente (1980-1983), hubiera podido afectar a algunos de los contenidos de Sobre la esencia.
Novela de aventuras ambientada en la vida marinera y de los cazadores de focas, EL LOBO DE MAR (1904) inspirada, como gran parte de la obra de Jack London (1876-1916), en experiencias propias y personajes por él conocidos gira en buena medida en torno al capitán Larsen, símbolo del superhombre, de la fuerza y la resistencia físicas, en cuya personalidad contradictoria coexisten la violencia y el primitivismo con la mentalidad propia de un hombre refinado sensible a la poesía y a la filosofía. El protagonista del relato, así pues, viene a personalizar el eterno conflicto entre el bien y el mal, entre la inteligencia y la fuerza bruta. Otras obras de Jack London en esta misma colección: «El vagabundo de las estrellas» (BA 0936), «El silencio blanco y otros cuentos» (BA 0937), «Asesinatos, S. L.» (BA 0938) y «Relatos de los Mares del Sur» (BA 0939).
Publicada en 1908 junto con otros cinco relatos de diversa extensión en un volumen titulado «A set of six», EL DUELO toma como asunto el enfrentamiento de dos oficiales del ejército de Napoleón –enfrentamiento tan empecinado como misterioso en sus orígenes– que se prolonga en el tiempo hasta adquirir dimensiones casi legendarias. Contra el fondo de las guerras napoleónicas –de las que Joseph Conrad (1857-1924) oyó hablar mucho en su mocedad– y de la Francia que alumbraron, esta breve novela es algo más que «una seria y sincera tentativa de pequeña ficción histórica», como la calificó años más tarde el propio autor: no sólo es un relato vivo y delicioso que se lee con gusto, sino que encierra una reflexión sobre la evanescente naturaleza de la ofensa, a menudo más dependiente de la interpretación de los hombres que de una convención social del honor.
Este Atlas de Filosofía resume la historia del pensamiento filosófico a través de sus representantes más importantes, acercando al lector a los problemas fundamentales de la filosofía y las maneras de darles respuesta, así como a sus métodos y terminología. La propia concepción del Atlas aporta gran claridad, pero impone una selección y una periodización precisas, por lo que se hace hincapié en la descripción concisa de las ideas y los conceptos fundamentales de cada filósofo o escuela. Por lo que respecta a la representación de ideas filosóficas en forma de gráficos y dibujos, abre un terreno inexplorado y novedoso. Las páginas ilustradas tienen la función de aclarar, completar o resumir los textos a fin de facilitar su comprensión y suscitar la reflexión por parte del lector.

