
¿Quién es el Dios de los cristianos? ¿Cuáles son sus características? ¿Cuál es su singularidad? A este tema amplio y un poco intimidante, el filósofo Rémi Brague responde en siete capítulos concisos, documentados, estimulantes. Que Dios se encuentra mucho más allá de las representaciones que se han hecho de él es algo evidente, pero no justifica las aproximaciones y las confusiones que se realizan hoy cuando se abordan cuestiones religiosas. Todo el mundo no se hace la misma idea de Dios, y la que tienen de él los cristianos resulta, en el fondo, más bien sorprendente. ¿Quién es entonces ese dios que nosotros podemos conocer? Es uno, pero no de cualquier manera; es padre, pero no es hombre; ha hablado, pero no para pedirnos lo que sea; perdona, pero sin ignorar la decisión de nuestra libertad. Tras la lectura de este libro, el lector podrá aceptar o rechazar al dios de los cristianos; en ambos casos, lo hará con conocimiento de causa.
Cecilio Cipriano Tascio (comienzos del s. III – 14 de septiembre del 258) se convirtió al cristianismo en edad madura y pronto llegó a ser Obispo de Cartago. Durante un decenio guió con firmeza y autoridad la Iglesia africana en un periodo de grave crisis, marcado por las persecuciones, la peste y los cismas, dando muestras de una gran personalidad cristiana y unas dotes admirables de pastor cercano y atento a las necesidades de los fieles. Toda su producción literaria deriva directamente de su celo y actividad pastoral, respondiendo a los problemas y situaciones que afectaban a la comunidad cristiana africana. Su misión fue coronada con la palma del martirio, algo que contribuyó a confirmar y extender su fama más allá de los confines africanos y de su tiempo, hasta constituir una figura ideal de obispo y mártir, considerado por muchos como el mayor teólogo de la «Iglesia» antes del siglo IV, y que representa uno de los testimonios más claros e importantes de la doctrina sobre la communio eclesial y sus implicaciones.
Elaborado por expreso deseo de Juan Pablo II, este libro trata de exponer de manera sintética, pero exhaustiva, la enseñanza social de la Iglesia. Su lectura se propone, ante todo, para sostener y animar la acción de los cristianos en el campo social, especialmente de los fieles laicos, a los que les es propio este ámbito.
El autor, convencido de que el género «vida de santo» aún aguarda por su amanecer, desde los tiempos de París se apasionó por la «santa de los tiempos modernos», la que sufrió tentaciones contra la fe, aridez en la oración, incomprensiones en la comunidad y exceso de protección familiar. Corrió el peligro del infantilismo y supo dejarlo a un lado, intuyendo genialmente que no hay penetración del Evangelio si no es con espíritu de infancia. La línea tenue que se traza entre infantilismo e infancia es la que ella dibuja con su talento y heroísmo. Fue madura sin dejar de ser niña. Alegre, inteligente, divertida, irónica, delicada, humilde, penetrante, dulce, actriz y directora de escena, sintiendo la llamada de todas las vocaciones, un teólogo ha dicho que es ella la que lleva hasta sus últimas consecuencias la espiritualidad de la Nueva Alianza. Muere en el umbral del siglo XX y comprende cuáles serán los males del tiempo que se aproxima (intolerancia, indelicadeza, falta de humor, aspereza, carencia de sentido íntimo, poco respeto a la verdad y ninguno a la belleza); y hace de su vida una obra de arte. Y lo que se intenta contar en este libro es el argumento de una vida que se quiso autocrear como una obra de arte. Por eso es tan profunda la observación de Von Balthasar: Teresa vivió una existencia teológica e invita a cada cristiano, a cada uno según su vocación, a que haga lo mismo.
Traducción de Daniel Ruiz Bueno.
Ante el desprestigio en que había caído el ministerio sacerdotal en el siglo Juan Crisóstomo escribió esta obra con el fin de ensalzar la dignidad del sacerdocio cristiano, exhortar a quienes lo ejercen para que lo vivan virtuosamente y mostrar los grandes bienes que acarrea para el Pueblo de Dios el buen gobierno de sus pastores. En este Año Sacerdotal, su lectura sigue siendo recomendable, pues presenta no pocos aspectos siempre actuales.
Este es el único libro que recoge todas las biografías de los 1.523 mártires del siglo XX en España que han alcanzado la gloria de los altares. Son los 11 santos y los 1.512 beatos canonizados o beatificados desde la primera ceremonia de beatificación celebrada por Juan Pablo II en 1987 hasta la última, acontecida en el Año de la Fe, en Tarragona, el 13 de octubre de 2013. El libro ofrece, además, una introducción sobre el sentido del martirio cristiano y un estudio sobre las raíces históricas y las características de la persecución de los años treinta del pasado siglo. Sus completos índices lo convierten también en un valioso diccionario para acercarse a esta página todavía poco conocida de la historia de la Iglesia.
La novedad básica de esta obra radica en que las bienaventuranzas son estudiadas exclusivamente como maneras o modalidades de amor. «La pobreza, la mansedumbre, la misericordia, etc., todos estos sustantivos representan nada más que adjetivos del amor, el cual se revela como un amor pobre, manso, misericordioso, etc.». Ocho maneras de amor que engendran ocho formas de dicha, pues las bienaventuranzas constituyen, ante todo, un mensaje de felicidad. Cabodevilla insiste una y otra vez en el carácter paradójico de esta felicidad, inherente a unas situaciones o a unos estilos de vida que nunca dejarán de ser penosos, desgraciados y probablemente irrisorios. En la segunda parte del libro, dedicada a las bienaventuranzas en general, desarrolla más ampliamente el tema de la paradoja en cuatro títulos que son cuatro antinomias: «Dichosos los desdichados»; «Alegría en la tribulación»; «Plenitud de la ley y abolición de la ley»; «El que pierda su vida, la salvará». La obra se cierra con un canto al Hijo del hombre, «primer bienaventurado». Según el autor, la vida de Jesús constituirá siempre el único comentario necesario y suficiente a las bienaventuranzas.
Primera edición en rústica de la misma obra publicada en esta colección en tela (1ª ed., marzo de 1984).
Esta obra ofrece una síntesis de las enseñanzas que a través de los siglos nos han legado los grandes maestros de la vida espiritual de todas las épocas, escuelas y tendencias. Constituye una verdadera «Historia de la espiritualidad cristiana» desde los tiempos apostólicos hasta el Concilio Vaticano II. En relación con la importancia de cada una, el autor expone ampliamente la doctrina de las figuras verdaderamente señeras y fundamentales de todas las épocas y escuelas, aunque sin omitir ningún nombre que merezca figurar en una amplia antología de espiritualidad cristiana. Su estilo es claro y sencillo, y se busca en todo momento la objetividad en los juicios críticos.
Antonio Royo Marín, dominico, es autor en la BAC de más de una veintena de obras; de ellas recordamos: Ser o no ser santo... Esta es la cuestión (2000), Por qué soy católico. Confirmación en la fe (2001), Doctoras de la Iglesia (2002).
Este volumen sustitye al n.º 347 de la colección "BAC Normal".

