
En su día, la lingüística del texto supuso un paso adelante respecto a la gramática de la frase o a la semántica de los términos. El camino hacia el estudio científico del sentido en la comunicación se hizo, de algún modo, expedito. Biblia, teología y lingüística del texto se sirve de ese instrumental para llevar a cabo una presentación de algunas cuestiones fundamentales de la Introducción general a la Sagrada Escritura: Biblia y revelación, canon y texto, principios de interpretación.
La obra comienza con la exposición de los preconceptos que se manejan (Parte I. Prejuicios). A continuación se exploran dos de las características fundamentales de la textualidad (Parte II. Delimitación; Parte III. Coherencia). Y se concluye dirigiendo la atención a la dimensión pragmática (Parte IV. Texto y retórica; Parte V. Texto y referente).
Cada una de las partes engloba dos o tres capítulos. Aunque se ha concedido un cierto espacio a las cuestiones teóricas —como la dimensión literaria de la Escritura o las repercusiones teológicas de la crítica textual—, la primacía corresponde a los ensayos de aplicación de los principios generales: ¿qué implica en la recepción de los evangelios la historia del Diatésaron de Taciano?; ¿cómo entender el concepto de coherencia ante un texto difícil como Jos 5,13-15?; ¿qué significa “misterio” en 1Co 1-4?; ¿por qué los evangelios caracterizan a Judas Iscariote como un personaje plano?, etc.
El libro pretende, en definitiva, estimular un acercamiento a la Sagrada Escritura que sea, por un lado, de carácter decididamente teológico y, por otro, abierto a sacar todo el rendimiento posible de las aportaciones de la lingüística contemporánea.
Carlos Jódar (Jaén 1966) es Doctor en Teología, Licenciado en Filología Semítica, Teología, Estudios Bíblicos y Estudios de Oriente Antiguo. Profesor de Sagrada Escritura en la Facultad de Teología de la Pontificia Università della Santa Croce (Roma). Sus áreas de docencia e investigación comprenden la hermenéutica bíblica, la introducción al AT, hebreo bíblico, siríaco y la aplicación de los instrumentos de la lingüística a la exégesis. Entre sus publicaciones se encuentran Vetus in Novo. El recurso a la Escritura en el Nuevo Testamento (2006, en colaboración con F. Belli, I. Carbajosa y L. Sánchez Navarro); Adorar y dar culto en el Antiguo Testamento (2015); La Sacra Scrittura, Parola di Dio attestata (2013); Il Dio che parla. Commento a “Verbum Domini”, nn. 6-21 (2011); El Nuevo Testamento en la Peshitta de Isaías (2010); El texto del Oráculo de Enmanuel. Elementos de lingüística textual en el estudio de un texto bíblico (1999); La interpretación de Is 7,14 en el Diálogo de Pedro Alfonso y su fundamentación hermenéutica (1999).
San Jerónimo es, entre los Padres de la Iglesia, una de las figuras más interesantes y dinámicas. En este comentario nos ofrece un sustancioso ensayo de su extraordinario genio. Es casi un compendio de doctrina, extraída de las Escrituras. Suscita mayor interés el hecho de que san Jerónimo se detiene preferentemente en los pasajes más escabrosos del Evangelio de san Marcos. Impresiona, sobre todo, la audacia de las imágenes y la original penetración en el sentido espiritual de las Escrituras. Excavando en cada una de las palabras, logra encontrar una riqueza insospechada. Hasta tal punto que interrumpe algunos de sus razonamientos para prevenir eventuales objeciones, diciendo: "¿Creéis que forzamos la Sagrada Escritura?", e indica que aquellos que se atienen sólo a las palabras "siguen la letra que mata, y no el espíritu que vivifica?. Y más adelante añade: "Todo lo que soy capaz de entender, no lo quiero entender sin Cristo, el Espíritu Santo y el Padre. Nada de ello puede serme agradable si no lo entiendo en la Trinidad que me ha de salvar". De ahí, de esa sabiduría, brota toda la luz de este comentario, enormemente precioso y moderno, con intuiciones excepcionales.
Este volumen contiene diversos estudios y artículos que recogen las mejores aportaciones del gran exegeta protestante Joachim Jeremias.
Dos son sus núcleos principales. Por una parte, el problema del Jesús histórico y de su mensaje, la necesidad de conectar directamente con la persona misma del profeta de Nazaret, con su acción, con su «mismísima palabra», con la conciencia que tenía de sí. Por otra parte, el empeño por determinar cuál es el mensaje central del Nuevo Testamento, el núcleo que genera, condensa e ilumina toda la predicación de Jesús.
Para ello, la pista más segura nos la proporciona una palabra clave: «Abba».
Con ella Jesús ponía de manifiesto su relación absolutamente única y personal con Dios, sabiéndose enviado como «siervo de Yahvé» para asumir la muerte «por muchos». Aquí se contiene todo el Evangelio. En él y por él Jesús ha traído la esperanza para toda la humanidad, pues desde su condición de Hijo ha revelado a dios como «Abba» también de todos nosotros.
En sus investigaciones, Jeremias no parte de presupuestos dogmáticos o ideológicos, sino del análisis de las fuentes. Partiendo de los métodos clásicos de la historia de la tradición y la historia de las formas, incorpora el contexto cultural y la mentalidad de la época, junto con la referencia al sustrato aramaico que subyace siempre en los estratos más antiguos de la tradición.
Es éste uno de los trabajos más importantes del autor, en el que se analiza la forma de vida de Jerusalén y Palestina entre los años seis y sesenta de nuestra era. Para mejor comprensión del Nuevo Testamento es importante adentrarse en el conocimiento de la situación económica (oficios, profesiones, comercio); social (ricos, pobres, clase media, clero, nobleza laica, escribas, fariseos) y legal (judíos puros y marcados, ilegítimos, esclavos, samaritanos, mujeres) de la época.
Todos los juicios emitidos en esta obra están avalados por una comprobación rigurosa, por lo que se sitúa entre las de mayor rigor científico sobre el Nuevo Testamento.
Reedición de un clásico de la Exégesis contemporanea. Mediante la revisión de los testimonios históricos y literarios de la época, Jeremias concluye el carácter pascual de la última cena y acredita la correspondencia entre el texto neotestamentario y las palabras y acciones cumplidas por Jesús la víspera de su Pasión
Si los evangelios son «el corazón de todas las Escrituras» (Catecismo de la Iglesia Católica,n. 125), el de Juan es como la cumbre de los cuatro, a la que se asciende tras la lectura de los sinópticos y desde la que se contempla y comprende en profundidad los otros evangelios y escritos neotestamentarios. La tradición también ha atribuido a Juan otros cuatro libros -tres cartas y un escrito de carácter profético, el Apocalipsis-, que completan el conjunto de escritos joánicos. Las «cartas católicas», las de Pedro, Santiago y Judas -además de las de Juan-, recogen y trasmiten la tradición apostólica en época de expansión y consolidación de la doctrina.
Este libro viene a ser una reedición corregida del Nuevo Testamento que, unido al trabajo del Profesor F. Cantera, apareció en la Sagrada Biblia de la BAC Maior (n.10), pues conserva de él muchos elementos; pero cerca de veinte mil cambios y correcciones hacen que con más verdad deba considerarse como «edición nueva», como otra edición.
Sobre este nuevo texto el Profesor Iglesias dice: «En la traducción he tenido interés en asemejar más el orden de las nuestras palabras al orden en la frase del texto griego; dicho de otra manera: mayor literalidad, aunque eso suponga dar más campo al hipérbaton. Esa mayor literalidad deseo que sirva de mayor ayuda para los primeros destinatarios de esta obra (estudiantes de Teología y del Nuevo Testamento); en contrapartida, al intentar corregir inexactitudes o imperfecciones anteriores, habré cometido otras nuevas; además de que nunca queda uno satisfecho... He revisado las referencias bíblicas, que ocupan ahora su espacio natural antes de las notas, al acabar el texto de cada página; así serán un poco más útiles para quien desee usarlas, y no rompen la secuencia de un capítulo a otro» (Prólogo).
«La dificultad aparece con toda nitidez si aceptamos que la Sagrada Escritura es palabra de Dios expresada en palabras humanas. El obstáculo del Nuevo Testamento no es sólo el que ofrecen unos escritos de hace dos mil años, redactados en griego tal como los tenemos, aunque pensados por semitas, sino que, si Dios se comunica en esos escritos, nos comprometen, y los matices del lenguaje pueden ser también reveladores de Dios; por tanto, no despreciables. Un exegeta bíblico —y, en su medida, un traductor bíblico— no debe menospreciar ningún aspecto del lenguaje humano en el que se transmite la revelación del Dios vivo y verdadero. No debe ser el traductor quien dice, sino que ha de disimular su propio estilo, y sus gustos y prejuicios, a fin de llegar a ver qué pensaba y quiso decir el escritor humano (y, detrás de él, Dios) al redactar el texto sagrado, para poder decirlo simplemente en otra lengua» (Introducción).
Contiene índice analítico, glosario de términos y mapas.
En algún momento, los historiadores de la religión, los estudiosos de la Biblia y los teólogos de la fe cristiana se han visto urgidos a responder una pregunta enormemente compleja y, sin embargo, crucial: ¿Cómo, cuándo y por qué surgió la devoción a Jesús? O dicho con otras palabras, ¿a partir de qué momento se comenzó a rendir culto a Jesús por considerarlo ya una persona divina?
El monumental estudio de Larry Hurtado aporta un arsenal de datos y, sobre todo, una nueva perspectiva en este tema tan delicado. Así, dejando en un segundo plano la preocupación por la cuestión del Jesús histórico, se plantea de forma exhaustiva la función que desempeñó Jesús en la religión de los primeros creyentes cristianos.
Para llevar a cabo esta empresa, la investigación no rehúye ninguna de las fuentes antiguas: desde la Escritura y los escritos de figuras como Ignacio de Antioquía o Justino, hasta textos apócrifos como el Evangelio de Tomás y el Evangelio de la verdad. Con todo, el interés mayor reside en la búsqueda y el esclarecimiento de las primeras confesiones de fe cristianas sobre Jesús, las oraciones dirigidas a él, el uso de su nombre en los exorcismos, bautismos y curaciones, la invocación ritual de Jesús como «Señor», el martirio y otros fenómenos menos conocidos, como las posturas usadas al orar o la curiosa práctica de los nomina sacra.
La aparición de Señor Jesucristo inaugura, sin duda, una nueva etapa de la investigación de la cristología primitiva y de los estudios sobre el primer cristianismo.
Los estudiosos del cristianismo primitivo han recurrido a los textos antiguos como fuente de sus investigaciones, pero rara vez han prestado atención a los manuscritos donde se han conservado. Y sin embargo, estos manuscritos, debido a sus características físicas y a los rasgos paleográficos de su escritura, son de capital importancia, ya que constituyen los primeros testimonios de la «cultura material» del cristianismo y arrojan nueva luz sobre los orígenes del movimiento cristiano.
Tras reseñar los textos copiados por los seguidores de Jesús en los más antiguos manuscritos, Hurtado destaca la opción de los cristianos por el códice en detrimento del rollo, que era el formato preferido por la cultura de la época para la transmisión de textos.
El autor dedica también espacio al estudio de los nomina sacra y de los estaurogramas, porque ambos representan ya una prueba de la devoción a Cristo y a su pasión.
El reconocimiento de la condición divina de Jesús entre sus discípulos es uno de los fenómenos más fascinantes y llamativos del cristianismo naciente. Este reconocimiento, que tuvo una expresión muy elocuente en las prácticas cultuales, merece ser estudiado en profundidad y con todo rigor, ya que resulta determinante a la hora de relacionar la investigación sobre el Jesús histórico y los comienzos del cristianismo.
El autor presenta, en primer lugar, una panorámica del debate actual sobre los orígenes de la devoción a Jesús. A continuación, muestra con renovados argumentos cómo la temprana definición de la fe cristológica fue decisiva para la formulación de la imagen cristiana de Dios. Por último, explora las consecuencias que tuvo para los primeros cristianos la exclusividad que exigía la adhesión a Dios y al Señor Jesús en los diversos ámbitos de la vida.
Este breve volumen continúa la investigación iniciada por Hurtado en su extensa obra Señor Jesucristo (Salamanca 2008) y aporta convincentes respuestas a muchas de las preguntas que plantea la temprana devoción a Jesús.

