En este estudio se analiza la concepción de la misión y sus definiciones múltiples en la provincia jesuítica del Perú, entre 1568 y 1640. La Compañía de Jesús era en aquel entonces una institución mundial, dispersa y en pleno crecimiento, que logró permanecer unida gracias a su administración centralizada y a una legislación unitaria, las Constituciones. La misión, como expresión del cuarto voto que pronunciaban los jesuitas, proclamaba su movilidad apostólica y, como estrategia pastoral, realizaba la universalidad de su apostolado. Pero a esta movilidad ideal se oponía la situación sedentaria que imponían la institucionalización de la Orden, la variedad de sus actividades y el contexto parroquial de la evangelización de los indios en Hispanoamérica, impuesto por el Patronato Real de la Iglesia. Los debates de los jesuitas del Perú y su diálogo con las autoridades centrales en Roma acerca de la definición de los territorios de la misión y la especialización de su personal misionero ponen de manifiesto que la misión fue un tema de negociación permanente. Lo demuestran en este libro el análisis de los catálogos del personal jesuita, los conflictos acerca del aprendizaje de las lenguas indígenas y la medida del impulso misionero a través de las cartas anuas, que permiten definir tres etapas de la misión. Desde la fundación de la provincia hasta los años 1580, los jesuitas asientan su papel en la evangelización de los indios de los Andes en una acción sedentaria y a la par en la movilidad de las misiones volantes. Este impulso se concreta en la existencia de un personal especializado, pero escasamente formado y reclutado en el mismo Perú en función de su aptitud para las lenguas indígenas. Luego la provincia se extiende hacia las fronteras del Imperio español, experimenta una crisis de crecimiento y duda de su identidad misionera. Decaen entonces las misiones volantes, que toman entonces a su cargo un personal menos numeroso. La división geográfica de la provincia en 1607 y el abandono por el Perú de las misiones fronterizas del Paraguay, que pasan a formar una nueva provincia, permiten resolver en parte la crisis. A partir de 1610, al participar en las visitas de extirpación de idolatrías, los jesuitas del Perú se concentran en las misiones a los indios ya convertidos al cristianismo. Las misiones volantes se hacen más frecuentes y emplean a un personal americano en mayor proporción, bien formado pero menos especializado. El papel de la Orden en la evangelización de los indios se encuentra así legitimado, sin que cese cierta resistencia interna hacia la actividad misional.
Durante los cuatro años que duró su celebración, el concilio Vaticano II cautivó a las audiencias televisivas con sus espléndidas y elegantes ceremonias públicas, al tiempo que sus debates ofrecieron noticias de fuerte impacto a un ritmo casi semanal. Para muchos, se trata indudablemente del acontecimiento religioso más importante del siglo XX, con repercusiones que se dejaron sentir mucho más allá de la Iglesia católica. Habría que destacar que este es el primer libro, sólidamente basado en documentación oficial, que ofrece un relato breve, ameno e históricamente preciso del desarrollo del concilio desde el momento en que el papa Juan XXIII anunció su celebración, en enero de 1959, hasta su conclusión, el 8 de diciembre de 1965.
«El Padre O’Malley ha escrito uno de los libros mejores y más necesarios acerca del concilio Vaticano II... La forma en que los obispos se hicieron cargo de los asuntos que constituían el orden del día del concilio y orientaron su rumbo es una historia de audaces confrontaciones, choques de personalidades y maniobras hechas en la sombra, que el autor consigue narrar en un estilo vivo, colorista y lleno de suspense» (de la reseña de Peter S. Steinfels en el New York Times).
JOHN W. O’MALLEY, actualmente profesor del departamento de teología de la Universidad de Georgetown, es un historiador de la Iglesia especializado en la Europa de los siglos XVI y XVII. Entre sus obras más conocidas se cuentan Trent and All That y Four Cultures of the West. Con su obra Los primeros jesuitas, traducida a diez idiomas y publicada en español por la Editorial Sal Terrae, obtuvo el premio Jacques Barzun de historia de la cultura y el premio Philip Schaff de historia de la Iglesia. John W. O’Malley fue elegido miembro de la American Academy of Arts and Sciences en 1995, y de la American Philosophical Society en 1997. Fue presidente de la American Catholic Historical Association y de la Renaissance Society of America. El padre O’Malley, sacerdote católico y miembro de la Compañía de Jesús, ha recibido también premios a la obra de toda una vida, tanto por parte de la Renaissance Society of America como de la Society for Italian Historical Studies. La Editorial Sal Terrae ha publicado también su libro Historia de los papas: desde Pedro hasta hoy.
La situación de la joventud obrera belga de principios del siglo XX impulsó al sacerdote Joseph Cardijn a trabajar para acercar la fe cristiana a la realidad de dolor e injusticia que destrozaba a los jóvenes. Y lo hizo con el convencimiento de que sin un profundo arraigo en la vida no sería posible hacer nacer una auténtica experiencia cristiana, ni lo sería tampoco si no eran los propios jóvenes quienes tomaban en sus manos esta tarea evangelizadora. Así es como nació la JOC, la Juventud Obrera Cristiana, y así es como nació también un método de trabajo que ha marcado la acción pastoral de la Iglesia mucho más allá de los límites estrictos en los que nació. Este libro reúne los textos básicos que ayudan a entender todo lo que esto significa. Joseph Cardijn (Shaerbeek, 1882 – Lovaina, 1967) fue ordenado sacerdote en 1906 y en 1915 su obispo, el cardenal Mercier, le encomendó dedicarse de lleno a tareas de pastoral social y juvenil. En 1924 fundó la JOC, que se extendió por todo el mundo. Poco antes de morir, Pau VI reconoció su tarea nombrándole cardenal.
La historiografía americanista ha constatado una renovación eclesial en la América Latina de las Repúblicas a partir de la segunda mitad del XIX, especialmente tras el Concilio Vaticano I (1870). ¿Cómo se transmitió la fe y la vida cristiana durante la primera mitad de la centuria? La primera parte del libro ofrece perspectivas esclarecedoras. En 1823 Roma tomó contacto directo con América y, superando la oposición de la corona de España –que esgrimía sus «derechos» de Patronato Regio–, Gregorio XVI, de 1831 a 1835, nombró a los obispos de México, Argentina, Uruguay, Chile y Perú; además, designó un delegado apostólico en Uruguay. La presencia en el Concilio Vaticano I de cuarenta y tres prelados hispanoparlantes y ocho brasileños expresa el trabajo institucional realizado. La segunda parte del libro expone el desarrollo conciliar en Latinoamérica en torno al Vaticano I: la aportación de los conciliares latinoamericanos al Concilio Ecuménico y la génesis y labor de los doce concilios provinciales celebrados en la América hispanoparlante de 1863 a 1897, durante los pontificados de Pío IX (1845-1878) y de León XIII (1878-1903). En la tercera se abordan dos temas muy discutidos en torno al Bicentenario de la Independencia: la participación del clero en la política activa y las relaciones Iglesia-Estado. El II Concilio neogranadino (1873) vivió un serio debate acerca del primero de ellos; el metropolitano Vicente Arbeláez, sostuvo una propuesta lúcida y anticipadora. El Delegado Apostólico en Bogotá, Mieczyslaw Ledochowski, en un informe a la Sede romana (1861) optaba por una separación, acompañada del mutuo respeto, que apoyó en la experiencia de libertad vivida por la iglesia neogranadina bajo ese régimen.
Un lúcido análisis periodístico sobre los problemas de la Iglesia La crisis que está atravesando el pontificado de Benedicto XVI ya viene de lejos. El escándalo de los sacerdotes pedófilos y los muchos cristianos que "abandonan" la Iglesia no es algo que haya surgido de repente. Se trata de una crisis espiritual, causada por el declive de la vida de fe y de la moral. Una crisis institucional, que interpela a los episcopados y a la Curia romana. Una crisis en las relaciones con la modernidad, con la cultura laica. Sin embargo, además de ser un acto de acusación y de indignación, este libro es también un acto de amor hacia la Iglesia por parte de un cristiano que, como otros muchos creyentes y no creyentes, desea el inicio de una gran reforma y un regreso a aquella revolución, que se quedó a medias, del concilio Vaticano II.
Tanto el primer volumen como éste están dedicados a las obligaciones de los oidores y oficiales reales de Indias. Los oidores son fundamentales, según el autor, para el buen gobierno en cuanto representantes de la justicia real. La posición clave que, en la Lima del XVII ocupó su autor le facilitó el conocimiento preciso de las circunstancias peruanas y de las providencias que para su gobierno, disponía La Corona, en este caso mediante la Institución de la Audiencia.La obra resulta de especial interés para el conocimiento del gobierno y de la vida en las colonias.Ángel García Muñoz, profesor Emérito de la Universidad de Zulia, fue director del Centro de Estudios Filosóficos y de la Escuela de Filosofía en la Universidad de Zulia en Maracaibo (Venezuela). Es fundador de Grupo Parva Logicalia, para el estudio de textos lógicos medievales, y del Programa de Rescate del Pensamiento Colonial Venezolano. Ha recibido numerosos premios y distinciones por su labor investigadora y sus publicaciones.
El presente volumen del Thesaurus Indicus, cuarto de los publicados en nuestra colección Pensamiento Medieval y Renacentista, completa el primero de la edición de Amberes, 1668. El autor se refiere aquí a la ética de los Mineros de Indias (Título X) y a la de los Protectores de Indios (Título XI). El volumen incluye asimismo las Additiones o Complementos que el autor añadió para redondear los temas que, tras toda la redacción, le parecieron incompletos, o aquellos otros que, en virtud de acontecimientos recientes, ameritaban de nuevas consideraciones. Con esto, se vuelven a tocar aquí la mayoría de los temas de los once primeros Títulos. Desde la justificación del título de «Thesaurus», hasta nuevas consideraciones sobre el Protector de Indios, pasando por reflexiones de tipo mercantil, y otras más como la donación de Alejandro VI –en que de nuevo nos manifiesta su españolismo antifrancés–, temas de especial interés del autor –por referirse a asuntos de la Compañía de Jesús– y curiosas puntualizaciones hechas a propósito del tema de la venta de vino por parte de eclesiásticos. Estos últimos temas son los elegidos por Ángel Muñoz García para integrar el Estudio Introductorio.