El Tratado de la oración y meditación de san Pedro de Alcántara, una obra muy representativa dentro del género de guías espirituales, fue uno de los manuales de oración que contó con mayor número de ediciones y que alcanzó una enorme difusión tanto en España como en América, incluso en los dos siglos posteriores a su aparición. La presente edición actualiza el lenguaje de la edición de Medina del Campo de 1587, testimonio que contiene una licencia de publicación de 1565, por ahora la referencia cronológica expresa más antigua de una tradición textual ininterrumpida, ya en vida del autor, de El Tratado de la Oración y meditación. Cinco siglos después, el testimonio de Medina vuelve a ver la luz para difundir el mensaje de un místico y extremeño universal, san Pedro de Alcántara, e insertar su obra en un lugar prominente dentro del vasto panorama de la literatura espiritual áurea.
Siguiendo el orden alfabético castellano, el presente libro reúne los comentarios breves del autor sobre algunas palabras hebreas del Antiguo Testamento, indicando matices o detalles de su uso que no suelen captarse a primera vista. Se trata de un pequeño muestrario de vocablos elegidos un poco al azar, quizás no llamativos ni especialmente ricos para la teología o la vida espiritual, pero que pueden ser de gran utilidad para conocer mejor la Palabra de Dios tal como se escribió en los libros bíblicos que resultan más lejanos.
Manuel Iglesias es sacerdote y pertenece a la Compañía de Jesús. Estudió en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, donde también impartió clase. En Madrid trabajó en la revista Reino de Cristo y en gran número de obras apostólicas con una inmensa labor de dirección espiritual. Su prestigiosa y cuidada traducción crítica al español de la Sagrada Biblia, realizada junto a Francisco Cantera, le ha valido un renombre internacional en el campo científico.
Edición preparada y presentada por Javier Melloni, SJ.
Esta obra anónima, compuesta por un monje de Montserrat entre 1510 y 1555, puede haber jugado un papel estratégico en el pasaje del ámbito monástico al secular, de la tradición benedictina a la tradición ignaciana. En ella se da un concentrado de los grandes maestros de la espiritualidad medieval, así como podría tratarse de un manual del que se valió Ignacio de Loyola durante su estancia en Montserrat y Manresa para beber del legado que le precedía y aportar, a partir de él, sus elementos de novedad. Con esta obra nos acercamos a la intrahistoria, palabra acuñada por Unamuno para expresar que la gran historia se juega en los silenciosos episodios de la pequeña historia. Vivimos un tiempo propicio para caer en la cuenta de las interdependencias. No necesitamos afirmarnos negando al otro, sino recibiéndonos del otro.
Esta segunda parte de las catequesis de Benedicto XVI sobre la oración se centra en la vida de la Iglesia naciente narrada en los Hechos de los Apóstoles, las Cartas de san Pablo y el Apocalipsis.
María acompaña con su presencia orante el camino de la primera comunidad cristiana.
Pentecostés no es un hecho aislado: la acción del Espíritu guía constantemente a la Iglesia en medio de persecuciones y dificultades.
El testimonio de san Esteban, la oración unánime durante la cautividad de Pedro… son hechos que muestran los frutos de una profunda comunión: confianza, libertad, fuerza, luz.
En san Pablo –ante todo un místico según el Papa–, la oración se manifiesta con gran riqueza de formas y en todas las situaciones de la vida. «Hemos recibido un espíritu de hijos», y por eso podemos llamar a Dios «Abba, Padre».
El Apocalipsis –libro difícil, rico de simbolismo– presenta una comunidad reunida en oración.
En sus últimas meditaciones el Papa profundiza en la liturgia, lugar privilegiado de oración que expresa a la Iglesia de todo tiempo y lugar.
Ofrecemos en apéndice tres catequesis del Papa sobre tres grandes maestros de oración: Alfonso María de Ligorio, Domingo de Guzmán y Juan Bautista.
Joseph Ratzinger nació en 1927 en Marktl am Inn, Baviera; ha sido catedrático de teología católica, arzobispo de Munich y Freising y, desde 1982, prefecto de la «Congregación para la doctrina de la fe». En 2005 fue elegido papa.
El autor nos descubre aquí el papel fundamental que los ángeles custodios tienen en la vida interior del cristiano.
Georges Huber, periodista de profesión, por medio de textos, citas, anécdotas y referencias personales, nos va dando a conocer las diversas formas de la real intervención de los Ángeles Custodios en la vida cotidiana de los hombres. Y todo ello con un lenguaje vivo y actual. La lectura interesantísima de este libro nos muestra cómo podemos aprovechar, en las peripecias y acontecimientos de la vida ordinaria, la fuente generosa de recurso que son nuestros Ángeles Custodios.
Pablo Domínguez Prieto dirigió los Ejercicios espirituales de las monjas cistercienses de Tulebras (Navarra), durante ocho días hasta el mismo día de su muerte, mientras realizaba el descenso del Moncayo. Esta obra recoge por escrito las conferencias íntegras que, de viva voz, pudieron escuchar, casi a modo de testamento espiritual, aquellas hermanas. En ellas se reflexiona sobre la Palabra, la vida, la muerte y otros temas espirituales dirigidos expresamente a la vida en comunidad, pero también se abordan las dificultades concretas con las que solemos tropezarnos muchos cristianos a la hora de vivir nuestra fe, siempre con el toque de ironía y buen humor que caracterizaba la extraordinaria personalidad de su autor.
En qué se basa, cómo se expresa y cómo se vive la fe en Jesús de Nazaret según José Antonio Pagola. Es bueno creer en Jesús es un ensayo de renovación del concepto de evangelización, de reconstrucción de la buena nueva como algo realmente bueno y nuevo. Revisión hecha desde cuatro experiencias básicas vitales de toda persona: el deseo de felicidad, la crisis del sufrimiento, la necesidad de esperanza y la preocupación por la salud y la vejez. Desde esta nueva perspectiva es cuando se puede proclamar que el Dios de Jesús es buena noticia para todos y que es bueno creer en Jesús.
En este impresionante testimonio personal, Robert Hugh Benson -hijo de uno de los principales dignatarios de la Iglesia anglicana de principios de siglo- describe el arduo camino que le llevó a la Iglesia Catolica: las encrucijadas, los obstáculos y los pasos angostos.
"El cardenal Newman equipara las sensaciones de quien se convierte al catolicismo con las de alguien que, después de haber vagado toda la noche por una ciudad encantada, mira hacia atrás al amanecer y comprueba que los edificios han desaparecido, que se han disipado -como los fantasmas y la niebla- bajo la luz del naciente día".
Así vive el autor su conversión. Benson llega a la Ciudad de Dios no por una senda de entusiasmo y sentimentalismo, sino por la desnuda y sólida convicción de la verdad.
Robert Hugh Benson nació en 1871, y fue el hijo menor de Edward White Benson, entonces arzobispo de Canterbury. Robert llegó a ser clérigo anglicano y sirvió en varias parroquias, antes de convertirse al catolicismo en 1903. Después de estudiar en Roma fue ordenado sacerdote.
Durante los últimos seis años de su vida, y debido a su delicada salud, fue dispensado de algunas de sus labores. A partir de entonces su ardor por difundir la fe católica se plasma en una prolífica obra literaria, que abarca novelas, poesía, obras de teatro y libros de espiritualidad. Murió a los 43 años.
En su amplia bibliografía destaca La amistad de Cristo (5ª ed.), un magnífico libro de espiritualidad publicado por Rialp en la colección Patmos.