Contra la ética de la verdad significa a favor de una ética de la duda. Más allá de las apariencias, la duda no es en absoluto contraria a la verdad, sino que, en cierto sentido, implica su afirmación. Contiene por tanto un elogio de la verdad, pero de una verdad que debe ser siempre re-examinada y re-descubierta. A lo que es contraria la ética de la duda es a la verdad dogmática, que es aquella que quiere fijar las cosas de una vez por todas e imposibilitar o descalificar la crucial pregunta: «¿será realmente verdad?».
Impedir la expresión de la duda es el acto más innatural, incluso aunque sea realizado en nombre de la «justicia natural» o de la «ley natural». La «naturaleza de las cosas», cuando es usada como arma contra la duda, se contradice a sí misma, dirigiéndose contra la «naturaleza del ser humano». La ética de la duda no significa en absoluto sustraerse a la llamada de lo verdadero, de lo justo, de lo bueno o de lo bello, sino justamente intentar responder a esta llamada en libertad y responsabilidad hacia uno mismo y hacia los demás.
Los textos aquí recogidos son el producto de la reelaboración de algunos breves ensayos, publicados principalmente en la prensa italiana, o preparados como intervenciones en congresos. El orden seguido en la recopilación no es cronológico sino lógico, y puede ser idealmente presentado del siguiente modo: desde la relación Estado-Iglesia, ciudadanos y creyentes, hasta la ética laica, a través de las virtudes y dificultades de la democracia.
El animal humano es un ser carencial e indeterminado, lo cual le obliga a plantearse un proyecto para dar un sentido a su existencia. El problema del sentido de la vida está vinculado a la pregunta kantiana «¿qué es el hombre?» y ha sido objeto constante de la reflexión desde la filosofía de la historia, la ética, la antropología y la filosofía de la religión.
El presente estudio analiza las diversas dimensiones de esa pregunta y las distintas respuestas que se le han dado en las corrientes filosóficas y en las teologías de las religiones, centrándose en la problemática de la cultura occidental. El significado del hombre en el universo es un tema central para científicos y filósofos, a pesar de la crisis actual de la metafísica, y choca con postulados teológicos clásicos como la creación de la nada, objeto hoy de una amplia discusión. También cobra relevancia en la situación actual el problema de la finitud y contingencia del hombre, con diversos intentos de interpretación del nacimiento y la muerte (Heidegger, Ricoeur), así como diversas propuestas de definición de la identidad humana, desde el trasfondo del nihilismo (con especial incidencia de Nietzsche, Adorno y Habermas).
Éste es también el marco para abordar la cuestión del sufrimiento y el mal, tanto el generado por la acción humana como el que tiene causas naturales, que lleva a las filosofías del absurdo y se constituye en la roca fuerte del ateísmo. El autor aborda este amplio conjunto de problemas, planteando interrogantes y críticas a las respuestas filosóficas y teológicas. Muestra así la persistente actualidad de la pregunta por el sentido y la limitación y fragmentariedad de los distintos proyectos.
Pese a que la igualdad de derechos de las mujeres ha alcanzado un reconocimiento amplio en la esfera civil, sigue siendo un tema de especial actualidad dentro del cristianismo. Mediante el recurso a la «tradición», la Iglesia católica ha venido justificando que se perpetuara la posición subordinada de las mujeres en la estructura eclesial.
Desde el esquema de la sucesión de paradigmas ya expuesto en El cristianismo, Hans Küng indaga cómo se ha llegado a la situación actual. Paralelamente a este análisis, propone reformas concretas encaminadas a revisar patrones de comportamiento impuestos por la tradición y dirigidas a promover el estudio de la teología por parte de las mujeres, a la reforma del lenguaje de la liturgia o a la promoción de las órdenes religiosas femeninas y el sacerdocio de las mujeres.
Asaf, un joven de dieciséis años, recibe el encargo de encontrar al dueño de un perro que vaga perdido por las calles de Jerusalén. En el transcurso de esta búsqueda su historia se confundirá con la de Tamar, una adolescente de corazón solitario que intenta salvar a su hermano del infierno de las drogas y de su entorno. Juntos recorren un camino en el que intentarán reconstruirse entre las ruinas de un mundo que se desmorona.
David Grossman está considerado uno de los escritores más importantes de la literatura israelí contemporánea y ha sido comparado con Günter Grass y Gabriel García Márquez. De su obra destacan, además de esta, las novelas Véase: amor, Tú serás mi cuchillo, y La vida entera.