
Se ha dicho de la carta a los Hebreos que es uno de los escritos más revolucionarios del Nuevo Testamento. Su autor se atreve a presentar a Jesús, frente a toda apariencia en contra, como el Sumo Sacerdote definitivo de los bienes eternos. Inspirándose en el ambiente cultual judío de su época, pretende mostrar que Jesús de Nazaret, el Hijo preexistente de Dios, ha establecido un culto nuevo del que Él es, al mismo tiempo, el Sumo Sacerdote de la nueva alianza. Esta forma de predicar a Jesús -Hebreos es un escrito parenético, una `palabra de exhortación` sobre Jesús- busca desvelar toda la riqueza escondida en su persona, que no aparece a primera vista. Para ello, el autor, que bebe en las fuentes de la primitiva tradición cristiana, `traduce` los datos más significativos del misterio de Cristo en nuevas categorías teológicas; y muestra así que entre el Jesús del que hablan los evangelios y el Jesús Sumo Sacerdote que él predica no existe ruptura sino plena identidad. La habilidad y él arte con que este predicador se acerca a los misterios más dramáticos de la vida de Jesús -la agonía de Getsemaní, los padecimientos de su muerte, la participación en la vida y en el destino dé los hombres- hacen de su escrito una originalísima presentación de la persona y obra de Jesús, dirigida a provocar la adhesión a Él y a mantenerse firmes en la confesión de la fe verdadera.
El proceso de formación y las fechas de escritura de los evangelios siguen siendo cuestiones abiertas entre los estudiosos. En manuales y artículos suele proponerse como fechas de composición los treinta últimos años del primer siglo de nuestra era; pero desde hace décadas algunos estudiosos, apoyándose en sólidas razones, sostienen fechas mucho más tempranas. En la colección Studia Semitica Novi Testamenti apareció hace unos años un libro titulado Cuándo fueron escritos los evangelios, donde se afirmaba la existencia de textos escritos en las primeras comunidades cristianas que servían para la proclamación del Evangelio. Sus autores llegaron a esta conclusión después de un minucioso estudio filológico de algunos pasajes de las cartas paulinas, especialmente de 2Corintios. El presente trabajo continúa esta línea de investigación: los autores estudian varios pasajes evangélicos que aluden de forma más o menos explícita a la existencia de libros sagrados cristianos desde los comienzos del cristianismo. El punto de partida, como en las obras precedentes de esta colección, son las anomalías del griego actual, que se intentan esclarecer apelando al origen semítico de la tradición evangélica. En la segunda parte de la obra se estudia 1Cor 14, que versa sobre el ejercicio del don de lenguas y la profecía en la comunidad cristiana de Corinto. Este capítulo, junto a otros textos de menor importancia, ha llamado siempre la atención de los movimientos carismáticos y pentecostales, que lo han considerado como su manifiesto; se sirven precisamente de él para legitimar las prácticas insólitas que desarrollan en sus encuentros. Este texto paulino, como reconocen los estudiosos, está lleno de dificultades. Por un lado, Pablo no ofrece descripción detallada de la naturaleza y práctica de estos dones espirituales; debido a esta ignorancia algunas de sus expresiones resultan enigmáticas. Por otro, el Apóstol escribe un griego difícil, en ocasiones oscuro, haciendo que su pensamiento no resulta fácilmente comprensible. El esfuerzo de los estudiosos por conocer mejor la realidad de dichos dones encuentra en el recurso al sustrato semítico un buen aliado. En efecto, el lector se sorprenderá de la luz que aporta el estudio filológico bilingüe para clarificar la naturaleza y el ejercicio del don de lenguas y la profecía en el cristianismo naciente.
Los evangelios apócrifos han sido, durante toda la historia de nuestra literatura, una importante fuente de inspiración. Los encontramos tanto en las obras antiguas como en autores modernos (G. Diego, Casona, C. Conde...). En la literatura oral y tradicional (romances y cuentos) están presentes de un modo muy intenso. Respecto de la literatura medieval, aportan nuevos horizontes para su comprensión. Este estudio hace un interesante recorrido por una amplia variedad de textos, y pone de manifiesto la influencia de estos antiguos escritos en la vida cultural hispánica en sus varias lenguas, más en unas que en otras. Se ha procurado que casi todas tuvieran presencia, que el «ecumenismo» fuera nota destacada.
José Fradejas Lebrero, catedrático de universidad de la Literatura española, tiene tres facetas de investigación bien definidas: la medievalista, la de la literatura, la de la literatura oral o folklórica y la madrileñista, que avalan más de doscientas publicaciones entre libros y artículos.
516 páginas
Josefo (c. 37-38-Roma, 101), historiador judío fariseo, nació unos treinta y cinco años antes de que los romanos destruyeran Jerusalén: en el año 66 estalló la Gran Revuelta Judía, y Josefo fue nombrado comandante en jefe de Galilea. Fue hecho prisionero, pero Vespasiano (a quien el primero pronosticó, con acierto, que él y su hijo Tito llegarían a emperadores) lo liberó, a raíz de lo cual devino Flavio Josefo. Al lado del Estado Mayor romano, pudo observar el resto de una guerra cuya enorme importancia entendió de inmediato. A su término (70), viajó a Roma, donde permanecería desde el 71 hasta su muerte. Fue manumitido y percibió la ciudadanía romana y una pensión anual que le permitió consagrarse a componer la historia de la guerra judía y otras obras relacionadas.
La guerra de los judíos fue escrita en arameo (lengua materna del autor) y reeditada en griego en Roma: la primera versión se dirigía sobre todo a los judíos de Oriente; la segunda –escrita con colaboradores–, a los otros judíos de lengua griega, en especial a los de Alejandría. Dividida en siete libros, abarca desde el año 167 a.C. hasta el 74 d.C. En su libro I relata el intento de helenizar Palestina del rey sirio-griego Antíoco IV Epifanes y la subsiguiente revuelta de los Macabeos, así como la historia de los reyes de esta dinastía hasta la designación de Herodes el Grande como rey de Israel. El libro II se inicia en el 4 a.C., con la muerte de Herodes, y concluye en el 66 d.C.: reinado de Arquelao, conversión de Judea en provincia romana, sucesivos prefectores-procuradores. El libro III, que completa este volumen, incluye la primavera y el otoño del 67, cuando Nerón envía al general Vespasiano a apaciguar la provincia.
Sin duda, Flavio Josefo tenía en esta obra un propósito apologético: ensalzar el poderío de los romanos y de la nueva dinastía de los Flavios, la que fundaron sus protectores Vespasiano y Tito, y en efecto el imperio se muestra como un engranaje casi perfecto y ambos emperadores como dechados de virtudes. Al mismo tiempo desea poner de manifiesto la heroicidad del pueblo judío. Pero a pesar de esta doble inclinación, y al margen del pensamiento teleológico del autor, que cree que la divinidad rige la historia, la Historia está repleta de información útil y no ha cesado de interesar a los estudiosos de la antigüedad.
Introducción, traducción y notas de J. M. ª Nieto Ibáñez. Revisada por F. J. Gómez Espelosín.
428 páginas
El libro IV (años 67-69) narra el avance triunfante de Vespasiano por el norte de Judea y el bloqueo de la capital, su proclamación como emperador y su viaje a Alejandría y posterior desplazamiento a Roma. El libro V (primavera-junio del 70), dedicado al asedio de Tito contra Jerusalén, refiere la caída de los muros segundo y tercero, las exhortaciones de Josefo a los defensores para que se rindan y la decisión de los romanos de construir un muro de circunvalación para ahogar la ciudad. El libro VI (julio-septiembre del 70) relata la caída de la Torre Antonia, el incendio de los pórticos del Templo, el incendio final del Santuario y la toma de la ciudad. Finalmente, en el libro VII (70-74), Jerusalén es demolida, Tito se retira de Judea, desfila triunfalmente con su padre Vespasiano en Roma y caen los últimos reductos de la resistencia judía.
Traducción y notas de Jesús M.ª Nieto Ibañez
El autor de este libro, bien conocido por ser uno de los tres directores del “Comentario Bíblico San Jerónimo”, presenta uno de los mejores comentarios al Evangelio de San Lucas. Esta introducción ofrece al lector cuanto necesita conocer para adentrarse en la lectura del resto de la obra: situación de las investigaciones sobre Lucas, autor, fecha, y lugar de redacción, lengua y estilo, transmisión del texto, y un amplio esbozo de la teología lucana.
Este volumen abarca la parte más amplia del Evangelio de Lucas: desde el nacimiento e infancia de Jesús hasta su subida a Jerusalén, pasando por los recorridos por Galilea comunicando la buena noticia del Reino.
El desarrollo del comentario es siempre idéntico: al texto evangélico le sigue un comentario general que sitúa la perícopa en su momento histórico – hermenéutico; a continuación se dan unas notas exegéticas con análisis versículo a versículo. Cada apartado finaliza con una exhaustiva bibliografía acerca de lo que se ha escrito hasta el momento sobre ese Evangelio.
Este tercer volumen se ocupa de la subida de Jesús a Jerusalén. Es la parte central del Evangelio de Lucas, en la que es evidente un fuerte sentido teológico. El análisis filológico – lingüístico de cada uno de los versículos y la crítica textual no tienen otro sentido sino el de fundamentar el de las conclusiones teológicas, de ahí la importancia de estos exhaustivos análisis críticos. Se explican las grandes parábolas lucanas: el buen samaritano, el rico necio, la higuera estéril, etc., engarzadas todas ellas en el camino de Jesús hacia Jerusalén donde va a tener lugar el misterio pascual como fin de ese camino.
Este libro, escueto, conciso y diáfano, es el mejor muestra de una gran maestría en ciencia y exposición. Supone un gran avance sobres las obras conocidas de Bonsirven, Bover, Cerfaux, Schanaakengurg. Puede considerarse una gran síntesis de todas lasa vertientes -filológica, exegética, teológica y bibliográfica - del pensamiento paulino y una introducción a sus escritos.
El libro consta de dos partes: Vida de San Pablo y Teología Paulina. la primera es muy breve y sólo trata de analizar detalladamente el transfondo de sus pensamiento, la soteriología, antropología, eclesiología y ética paulinas. Incluye además cada capítulo una extensa bibliiografía para introducir al lector en los tópicos propios de la literatura paulina especializada.
El comentario al evangelio de san Lucas publicado por Fitmyer es la obra de referencia indiscutible sobre la materia. En su anterior etapa, Ediciones Cristiandad dio a conocer al público español los tres primeros volúmenes de este comentario imprescindible. Gracias a ello, tanto los especialistas como los lectores interesados en los estudios sobre Lucas pudieron familiarizarse con el estilo del exégeta estadounidense: una glosa detallada de los textos palabra por palabra, con enorme acopio de datos históricos y literarios y numerosas referencias internas. A pesar de los años transcurridos desde su primera edición, el trabajo de Fitmyer no ha perdido actualidad, en virtud de su excelente erudición y del buen juicio que domina todo el comentario. Infortunadamente, los avatares a que se vio sometida la editorial durante algún tiempo impidieron que se culminara la edición española con la aparición del cuarto volumen. Al ponerlo ahora a disposición de sus lectores, que lo han reclamado persistentemente, Cristiandad entiende haber saldado una deuda histórica.

