
Presentamos la 2ª parte del tomo II. En ella, John P. Meier, estudia muy exhaustivamente el tema de los milagros. A través de su investigación podemos acercarnos a la persona de Jesús, dos mil años después de su paso por la tierra, tal como pudieron hacerlo sus contemporáneos.
John P. Meier se ocupa en este tomo III de Un judío marginal de la decisiva red de relaciones de Jesucristo con grupos e individuos judíos, demasiado a menudo desatendida en trabajos sobre el Jesús histórico. Pero, además de poner el énfasis en las relaciones de Jesús, este tomo III está inextricablemente entrelazado con un segundo aspecto clave, que ha sido también pasado por alto en algunas obras modernas sobre el Jesús histórico: la naturaleza esencialmente judía de esas relaciones.
Desde finales del siglo XIX, un gran número de estudiosos del Nuevo Testamento ha trabajado con la creencia de que, si no todas, la mayor parte de parábolas de los evangelios sinópticos son atribuibles al Jesús de la historia.
En este quinto tomo de Un judío marginal, John Meier cuestiona ese consenso y defiende mediante una sólida argumentación que solo cuatro parábolas (El grano de mostaza, Los viñadores perversos, Los talentos y La gran cena) pueden ser asignadas al Jesús de la historia.
Meier aborda el controvertido tema de las parábolas con el mismo rigor y la misma penetración que le granjearon elogios en los anteriores volúmenes de Un judío marginal. Con este tomo trascendental, el autor enriquece todavía más su magistral obra y da un paso ingente en su continua búsqueda del Jesús histórico.
En este tomo IV, Meier aborda un nuevo asunto —las enseñanzas del Jesús histórico concernientes a la Ley mosaica y la moral— con el mismo rigor de que hizo gala en los tomos anteriores.
Después de corregir conceptos erróneos respecto a la Ley mosaica en tiempos de Jesús, este volumen se ocupa de las enseñanzas de Jesús sobre importantes materias legales como el divorcio, los juramentos, el sábado, las leyes de pureza y los diversos mandamientos de amor contenidos en los Evangelios. Lo que resulta de la investigación de Meier es el perfil de un complicado judío palestino del siglo primero, que, lejos de intentar abolir la Ley, entró a fondo en debates concernientes a su observancia. Para Meier, sólo teniendo presente esta imagen del Jesús histórico tan interesado en cuestiones de la Torá se puede evitar el común error de construir teología moral cristiana so capa de estudiar «Jesús y la Ley».
En este Vocabulario se hallan recogidos los conceptos fundamentales de Juan; aquellos que le otorgan su peculiar fisonomía. Atento solo a su lenguaje y al entorno cultural en que dicho texto se escribe, el libro proporciona útiles herramientas para leer y comprender los magníficos relatos del cuarto Evangelio.
La aplicación de un método nuevo y válido es un camino novedoso para acceder a la exégesis bíblica. En este libro se comprende en plenitud el significado del Evangelio de San Juan, mediante una esmerada atención a los aspectos lingüísticos y al entorno cultural de la época. Los autores revisa, incluso, la influencia de términos helenísticos como “Logos”, que debe interpretarse como de contenido y expresión hebraicas.
¿Se identifican en el evangelio de Marcos los “Doce” con los “discípulos”? ¿Existen otros “seguidores” de Jesús diferentes en esos dos grupos? Y, si aparecen efectivamente esos grupos en la comunidad de Jesús, ¿qué relaciones existen entre ellos y cómo responde al mensaje cada grupo? Este libro, de sólida exegética, pretende contestar a esos interrogantes básicos para conocer el entorno humano de Jesús y las primeras experiencias de su actividad salvadora.
El libro finaliza con un apéndice sobre el sentido teológico de términos y perícopas, de extraordinaria importancia puesto que ofrece un método exegético perfectamente estructurado que abre nuevos horizontes para la lectura e interpretación de los evangelios.
El capítulo 13 de Marcos se nos presenta como una enigmática unidad evangélica. En el marco del Monte de los Olivos Jesús pronuncia un discurso apocalíptico en el que profetiza la destrucción de Jerusalén, la venida del Reino, y el final de la historia. Este pasaje ha provocado multitud de estudios exegéticos de variada tendencia, siendo este magnífico tanto por su meticulosidad como por su rigor científico.

