La pregunta sobre la identidad cristiana, rebrota con particular vigor en los momentos y lugares en los que es más intenso el pluralismo cultural y social, y más sentida, en consecuencia, la necesidad de definir los perfiles intelectuales y morales del cristianismo. ¿Qué caracteriza la identidad cristiana de una persona o de una determinada institución? ¿Qué trazos específicos han de informarla si está animada por el espíritu y el dinamismo del Evangelio?
Por resolver éstas y otras preguntas contamos con esta obra, en la que han colaborado profesores universitarios que desarrollan su actividad docente e investigadora en áreas científicas distintas y en centros de trabajo diferentes. Late en ellos la convicción de que, estableciendo un serio diálogo interdisciplinar, se puede calar más profundamente en las claves del patrimonio cultural cristiano (pensamiento, actitudes, obras), y ayudar a rehacer el entramado de evidencias de carácter ético y principios indiscutibles de la vida social, que en muchos ambientes parecen haberse oscurecido, y que son contenido esencial de la ley moral natural.
En esta obra, el interés y ejercicio de la Neuroética –partiendo de la Neurociencia– se advierte como la oportunidad que se abre para iniciar un diálogo interdisciplinar profundo. En la Neuroética se ven claramente los límites conceptuales (aunque no los técnicos) de la Neurociencia, y al mismo tiempo se plantean desde esta ciencia biológica las cuestiones más profundas sobre el ser y obrar humanos, que llevan también a replantearse el sentido de la ciencia experimental nacida de la modernidad. La Neuroética ofrece, en definitiva, una excelente coyuntura para que científicos y filósofos dialoguen, y constituye a la vez una exigente llamada a la responsabilidad –dirigida especialmente a la comunidad académico-científica– a la vista de las repercusiones crecientes que la ciencia experimental (y en particular la Neurociencia) está teniendo en los individuos y en la sociedad entera, atomizando y disgregando nuestro saber y nuestro actuar.
Este libro está compuesto de textos breves que quieren introducir al lector en los grandes temas del pontificado de Benedicto XVI. Se dirige a un público amplio, con espíritu joven y talante abierto. Son como cartas desde la fe que esperan una respuesta concreta en la vida personal y social. Se presentan como ventanas a través de las que se puede ver un horizonte mayor. Ese horizonte es el perfilado por San Pablo, cuando dice que Dios ha pronunciado un gran «sí» al enviarnos a su Hijo. Sin duda son los jóvenes –de todas las edades– los que tienen más capacidad para captar y realizar ese proyecto, que comienza por el «sí» de Dios al hombre, a todos sus anhelos e inquietudes, y que ha querido necesitar de nuestro «sí».
Esta obra responde a la necesidad de articular de manera coherente una concepción unitaria de la persona humana.
Se articulan en la primera las facultades humanas, las comunes (nutrición, deseos e impulsos) y las específicas (conocimiento y amor). La segunda parte se centra en la noción de persona a partir de su fundamentación metafísica, para culminar con aquellas manifestaciones propias del ser personal: libertad, amor, la cultura, el trabajo y la técnica, etc.
La pregunta acerca del origen y destino de la persona humana, con la que se cierran estas páginas. Con un estilo claro y sistemático la lectura de este libro invita a continuar la reflexión, nunca agotada, sobre la grandeza y dignidad del hombre.
Reeditamos este libro de Robert Spaemann que teníamos agotado desde hace varios años. Desde Descartes, la filosofía se ha ocupado preferentemente de sujetos y objetos. Pero las personas son ambas cosas a la vez. ¿Cómo es eso posible? Recientemente se ha negado, con consecuencias prácticas de gran alcance que todos los hombres sean personas. El autor aporta los fundamentos teóricos largamente superados.
Jesucristo invita a todos a la conversión y a la fe, y ha encomendado a la Iglesia la tarea de anunciar el Evangelio en el mundo. Hoy se observa, sin embargo, una confusión creciente que lleva a desatender y a dejar inoperante el mandato misionero del Señor (Mt 28, 19). Se piensa, en definitiva, que intentar convencer a otros en cuestiones religiosas es restringir su libertad. Este panorama cultural y religioso plantea numerosas cuestiones: ¿qué significa teológica, psicológica y socialmente la conversión? ¿Sigue teniendo sentido en nuestro tiempo invitar a la conversión, o no es más bien el intento de convencer a otros en cuestiones religiosas una falta de respeto a su libertad? Para responder a las cuestiones que despierta la conversión en cuanto fenómeno, y en cuanto categoría fundamental de la fe cristiana, el XXXI Simposio Internacional de Teología de la Universidad de Navarra convocó a teólogos y a expertos en diferentes áreas científicas para que ofrecieran el resultado de sus estudios en una perspectiva interdisciplinar. Esta perspectiva pone más fácilmente en relación los datos de la teología con los que ofrecen las ciencias humanas (filosofía, psicología, sociología, historia, etc.), y otros acercamientos actuales a la conversión religiosa desde las artes, el derecho o las ciencias experimentales como la neurociencia.
El misterio pascual de Jesús de Nazaret es la fuente de donde mana toda la vida cristiana. En el momento supremo de su existencia terrena, el Unigénito del Padre y Primogénito de muchos hermanos revela la plenitud del obrar: la forma filial de la acción moral del hombre, manifestada con su muerte en la cruz y su confiada espera de la respuesta paterna. El Hijo del Padre redime a la humanidad y recapitula toda la historia mediante la esperanza. Ofrece así a cada persona la clave de lectura más profunda de la peculiar estructura temporal de su ser: poder actuar teologalmente. La esperanza es la virtud que articula la fe y la caridad filiales, permitiendo la colaboración del obrar humano con el obrar divino. A partir del dato cristológico fundamental, el autor expone en esta obra su visión personal de la sinergia entre Dios y el hombre en que, en último término, consiste la moral. La presencia de Cristo en la razón práctica del creyente, habilitada por el Espíritu Santo, determina el actuar esperanzado de los hijos en el Hijo: un actuar que respeta los absolutos morales, como fundamento de su apertura a la providencia, y es capaz de generar comunión en el mundo.
La reflexividad es un instrumento indispensable para hacer sociología: consiste en manifestar los propios presupuestos y los propios procedimientos, poniéndolos a disposición del público y de la comunidad científica, y, por eso mismo, haciéndolos criticables. Este libro quiere ser un ejercicio de reflexividad sociológica y al mismo tiempo un reconocimiento de la potencialidad de una disciplina a menudo denigrada. En particular, reconstruyendo los itinerarios pasados y sobre todo contemporáneos, se reitera la capacidad de la sociología de ofrecer instrumentos de autoconocimiento a la cultura de hoy; situándose en la estela de las aproximaciones comprensivas postweberianas y de su giro comunicativo, reivindica para la sociología una responsabilidad social ahora decididamente radicada en su estatuto de ciencia empírica, especialmente si se encuentra cualificada por una metodología centrada en la narración y la escucha. La sociología se propone entonces como caja de resonancia e intérprete de los muchos puntos de vista, como relato de relatos.
Cuando Karol Wojtyla abordó el tema de la paternidad lo hizo considerando el público tan diverso que lo leía y escuchaba. Sus escritos académicos y divulgativos reflejaron en todo momento el profundo interés pastoral que el sacerdote polaco sintió por los jóvenes universitarios que lo seguían. Siempre tuvo un gran afán de dar respuestas concretas a la problemática social y cultural que acosó a los matrimonios y familias de su época. Quizás esta puede ser considerada la característica principal que distingue a Wojtyla como un autor de forzosa consulta en relación a la crisis familiar que parece abrasar a Occidente. La paternidad en el pensamiento de Karol Wojtyla es un análisis de los principales escritos de uno de los máximos defensores de la institución familiar en el siglo XX, que puede servir de guía para aquellos interesados en restituir la dignidad del padre y de la madre en el centro de la vida familiar y social.
Cuando se piensa en el derecho canónico casi siempre se enfoca como conjunto de normas que rigen la vida de la Iglesia, o sea como derecho de la Iglesia, que hoy está constituido ante todo por el Código de Derecho Canónico de 1983. Sin disminuir en nada la relevancia de las leyes eclesiásticas, el presente texto ofrece una visión distinta, basada en la aplicación al ámbito eclesial de una concepción del derecho como lo justo, enraizada en la mejor tradición clásica y cristiana sobre el derecho. Por eso se habla de derecho en la Iglesia. Esta perspectiva permite superar de raíz una visión positivista y formalista del derecho canónico, reforzando al mismo tiempo su auténtico carácter jurídico y su entronque en el misterio de la Iglesia.